Contradicciones, morbosismo y maldad en la agenda pro matrimonio gay

16 02 2011

Cuando hablo con mis amigos o viejos sobre el decreto para el matrimonio de parejas del mismo sexo, me pongo a favor y trato de sustentarlo inclusive citando la biblia. Si Dios, a través de su hijo, nos ha dicho “amen a sus hermanos como a mí mismo”, ¿Porqué meterle tanta rabieta, odio e ideas fascistas que los tratan como enemigos y como perdición de la sociedad, en vez de ayudarlos?  Siempre esto me ha parecido malicioso y malévolo que los mismos católicos predicadores del amor y perdón,  traten en vez de llevar a las vacas descarriadas al corral de la granja de Dios – que figura para más pacharaca –, alejarlas y dejarlas por su cuenta, sin un pastor que les indique por donde está la granja.

Los cristianos retrógradas les gusta adjetivar, satanizar y darles con hueso duro a los gays  llamándolos hijos del diablo, con la única intención de mentir a su subconsciente de que la única manera de ir al infierno es siendo gay. Buscando esa autosatisfacción de sentirse bien pecando con todo pero menos acostándose con la persona del mismo sexo. Ellos tratan de minimizar sus erros exponiendo a gritos los de otros.

El tema es sinceramente delicado de tratar. Yo estoy a favor de que tengan los mismos derechos que todos, porque el derecho le pertenece al ciudadano, y sacarlo de la sociedad es alimentar la discriminación contra ellos.  Pero existen ciertas situaciones en las que pondría en duda mi  postura pro-matrimonio-gay.

Hoy día escuché a Philip Butters en su programa radial en una entrevista con Q’antu Madueño Basurco, activista del Movimiento Homosexual de Lima (MHOL) , decir que si está acompañada de su hija y ve a dos hombres o mujeres besándose, le causaría tanta molestia que si él les pide que se retiren y no hacen caso, es capaz de propiciarles un golpe. Ahora,  si bien no estoy de acuerdo con utilizar la violencia, entiendo su parecer. Creo que las personas homosexuales no deben publicitar su campaña diciendo que si dos heterosexuales son libres de besarse, ellos también lo pueden hacer; pues, es algo que si bien se hace con todo el sentimiento de enamorados, debe respetar la opinión pública y auto controlarse para terminar con esas  actividades de festival de salivas en plenas plazas públicas.

Esto puede resultar confuso, pero, tanto para un pro-gay-matrimonio como para uno que está en contra, cuando defiende sus posturas, a veces llega a ambigüedades, doble pensamiento y contradicciones. Eso comprueba de que el corazón y la razón entran en disputa. Los pro-matrimonio-gays  pueden verbalizar su filosofía apelando al sentimiento – a la comprensión  y empatía – en cambio, los Cristianos refutan con la teología eclesiástica que si bien tiene un peso infinito, cuando se trata de hablar en nombre de Dios, hasta ellos tratan de pensársela dos veces, y someter su teoría básica en una profunda interrogación cara-acara con su corazón.

El tema gay no se debe tratar con sentimentalismo, sino, con la razón, y la constitución es la que manda. Un gobierno es subyugado por leyes y eso piden, que se actúe de acuerdo a lo que son, ciudadanos con derechos iguales a todos.  Y si siguen pensando en el coito chico-con-chico o chica-con-chica cada vez que escuchen matrimonio gay, pues, los morbosos son ustedes que no dejan luchar por algo que nunca lo verán en público pero que ya se lo están imaginando.

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